Pintora · Acrílico, pluma y tinta
Najlae
Arte amazigh entre dos orillas: rostros geométricos, color valiente y tinta que sueña. Pintado, siempre, desde el corazón.
Del Atlas ✹ al Mediterráneo
En el estudio — acrílico sobre lienzo
La obra
Una pared de su estudio
Mujeres que te sostienen la mirada y universos dibujados línea a línea. Toca cada cuadro para verlo de cerca.
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No todas las emociones llegan por separado.
A veces llevamos en un mismo rostro más de una verdad: un ojo que todavía ve el color y otro que guarda una lágrima. Una parte de nosotros parece mantenerse firme, mientras otra sabe perfectamente lo que significa sentir dolor.
Por eso pinté sus ojos diferentes. No son dos personalidades ni dos rostros opuestos, sino dos estados que pueden convivir dentro de una misma persona, al mismo tiempo.
Su rostro está dividido en formas y colores distintos, pero no se rompe. Cada parte, por diferente que sea de las demás, sigue formando parte de ella.
Y no quise que la lágrima fuera lo primero que se viera. La dejé pequeña, como esas emociones que a veces llevamos dentro sin que nadie las note. Quizás primero veas los colores y, cuando te acerques… la descubras.
Ella no sonríe ni esconde su lágrima. Simplemente mira hacia delante.
Dolió… y aun así. Cambió… y aun así. Cargó con todas sus contradicciones… y aun así, sigue aquí.
Aun así.
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Esta obra nació como un regalo, pero no quería regalarle algo que pudiera comprarse. Quería regalarle algo mucho más cercano a mí: yo misma.
Fue también la primera mujer africana que pinté. Sin saber todavía que estas mujeres acabarían ocupando un lugar tan importante en mi obra, pinté en ella mis raíces, mi cultura amazigh, mis rasgos y mis colores. Pero en su rostro también quise dejar algo de él.
Tiene dos ojos diferentes: el color miel representa mi mirada y el verde, la suya.
Pinté Tú y yo después de una etapa difícil de mi vida, durante la cual estuvo a mi lado y me apoyó profundamente. Cuando llegó su cumpleaños, quise transformar una parte de todo lo que sentía en una pintura.
Mientras la pintaba, solo tenía sus ojos en mi mente.
Por eso, esta obra no habla de dos personas que se convierten en una y pierden su individualidad. Habla de dos identidades diferentes que conservan lo que son y, al mismo tiempo, se encuentran.
Como las piezas de un puzle, cada una mantiene su propia forma, pero juntas crean algo que no existiría por separado.
Dos identidades. Dos miradas. Dos colores. Cada una sigue siendo ella misma, pero juntas crean algo más grande.
Tú y yo
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No la pinté pensando que fuera yo, pero cuando la terminé, muchas personas me dijeron que se parecía a mí. Quizás porque, sin querer, terminó llevando algo de mí.
No está feliz ni triste. Mira con más de una mirada y lleva más de una emoción al mismo tiempo.
Es una sola mujer con muchos rostros interiores. Sus ojos no ven el mundo de la misma manera, y las diferentes partes de su rostro no representan una división. Son como las piezas de un puzle: cada una es diferente, incluso puede parecer contradictoria con las demás, pero cuando todas encajan, forman a una sola persona, completa. Sus raíces, su presente, sus emociones y sus contradicciones… todo forma parte de ella.
Quizás por eso la llamé: ¿Me ves?
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Llegó después de la pregunta: ¿Me ves?
Aquí, la mujer ya no busca una respuesta. Las diferentes partes siguen ahí, al igual que las contradicciones y los colores que no se parecen entre sí, pero ya no son algo que deba corregir ni esconder.
Cada color lleva una parte de ella y cada forma conserva su lugar. Como las piezas de un mosaico, no necesitan ser iguales para crear una sola imagen.
No se volvió menos compleja… simplemente aprendió a estar en paz con su propia complejidad.
Quizás estar en paz con uno mismo no significa convertirse en una persona simple, sino dejar de luchar contra todas las personas que habitan dentro de ti y comprender que todas ellas forman una sola alma.
Por eso la llamé: Mosaico del Alma.
- y 3 obras más en la galería
Obra original y encargos disponibles — najlae@najlaearts.com
Dos identidades. Dos miradas. Dos colores. Cada una sigue siendo ella misma, pero juntas crean algo más grande.
La artista
Del Atlas al Mediterráneo
Najlae es amazigh, nacida en Marruecos. Hoy vive y pinta en tierras valencianas, frente al mismo mar que une sus dos orillas.
En su obra conviven la abstracción y los rostros de la gente de su tierra: mujeres serenas y fuertes, miradas que guardan memoria. Cada cuadro empieza en un recuerdo —un patrón tejido, una luz del sur— y termina en color.
Sus colores
El proceso
Línea, color y paciencia
Todo empieza con la línea negra: la geometría que ordena el rostro. Después llega el color por planos —terracota, turquesa, ocre— y la textura: espirales de pintura que dan vida al cabello, capa sobre capa.
Cuando deja el pincel, toma la plumilla: mundos en blanco y negro poblados de criaturas diminutas, dibujados línea a línea. Cada medio cuenta la misma historia con otra voz.
- Acrílico sobre lienzo
- Pluma y tinta
- Técnica mixta
«Cada color lleva una parte de ella y cada forma conserva su lugar.»
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